Diferencias entre el corazón de un niño y de un adulto

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¿Alguna vez te has parado a pensar en las diferencias que hay en tu cuerpo desde niño a adulto? Habrás reparado en que los huesos crecen y los efectos de la edad se manifiestan claramente tan solo con echarle un vistazo al espejo. Lo que no se aprecia delante del cristal es el interior y sus órganos, de ahí que sea necesario confirmar que en los órganos en general y el corazón en particular se produce un crecimiento.

La principal diferencia entre el corazón de un niño y el de una persona en edad adulta reside fundamentalmente en el tamaño. Mientras que en alguien maduro y ya desarrollado este órgano tiene aproximadamente el tamaño de un puño, aunque cada cual tiene unas medidas exactas y no uniformes, el caso infantil es algo más pequeño y, por tanto, de dimensiones más proporcionales a las del cuerpo de su poseedor.

En cuanto al propio funcionamiento cardíaco, el total de pulsaciones por minuto también varía en función de la edad del individuo. Los bebés pueden llegar a superar los 150 latidos por cada sesenta segundos, y todo se debe a que en los primeros meses y años de vida de la persona la actividad es frenética y constante, ya que el organismo se está desarrollando y precisa mucha sangre y energía para efectuar adecuadamente su actividad.

A medida que pasa el tiempo se va estabilizando el pulso hasta que a partir de los 10 años se alcanza el ritmo cardiovascular ordinario en un ser humano, entre las 60 y 100 pulsaciones por minuto. Aunque cada cual tiene su frecuencia, especialmente en función del momento, lo habitual es hallarse entre esos registros tras haber tomado la medida en reposo para hacer un cálculo regular.

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Los cambios en la sangre

Tal y como ocurre con el tamaño del corazón, un niño no tiene el mismo volumen de sangre que un adulto. A pesar de que no existe un cálculo exacto de los litros de sangre del cuerpo, se estima que en un individuo ya formado y crecido hay unos cinco o seis litros. No obstante, la regla que se suele seguir es que en una persona la sangre equivale al 7% de su peso total. De este modo, en las venas de un niño de 40 kilos trascurrirían aproximadamente 2,8 litros de sangre, mientras que en un adulto de 90 kilos esta cantidad ascendería hasta los 6,3 litros, también de forma aproximada y no exacta.

Este mismo principio proporcional también se aplica con la longitud de los vasos sanguíneos, que en edad adulta pueden alcanzar la friolera de 100.000 kilómetros de extensión sumando venas, arterias y capilares. En el caso de un niño, por su parte, tienen un recorrido menor que va multiplicándose a medida que se produce su desarrollo físico.

Según estas pequeñas diferencias se aprecia que el corazón es un músculo cuyas funciones son indispensables en cualquier momento de la vida. Ya sea en un niño o en un adulto, cuidarlo en cualquier momento o circunstancia es esencial para latir más y mejor.

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