Qué es un ictus y cómo afecta a tu corazón

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Una de las afecciones más graves para el cerebro y relacionado con el área cardiovascular es el ictus, que esa enfermedad cerebrovascular derivada de disminuciones u obstrucciones en el flujo sanguíneo. El cerebro, que es el órgano que más sangre demanda para su funcionamiento (un 20 % del volumen que circula por el organismo desde el corazón), no recibe la cantidad necesaria de sangre y sus correspondientes nutrientes y, por tanto, sus células nerviosas dejan de funcionar porque no obtienen oxígeno.

Los ictus son la principal causa de muerte en la mujer y la segunda para los varones, tal y como señala el Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (GEECV-SEN). En España se detectan anualmente unos 120.000 de estos casos, muy relacionados con la hipertensión,mientras que se producen unos 40.000 fallecimientos por esta razón, unas cifras que revelan la importancia de la prevención y la investigación médica para paliar sus efectos en la sociedad.

Sufrir este trastorno, que se podría comparar a un infarto en el corazón, conlleva un importante riesgo de mortalidad y, en caso de supervivencia, puede suponer secuelas graves y una pérdida importante de la calidad de vida de los afectados. Se estima que un tercio de quienes lo sufren fallece, otro tercio queda con secuelas y otro tercio se recupera por completo.

Por su parte, existen dos formas en las que se presenta esta irregularidad cerebrovascular. El más frecuente es el isquémico, con un 85 % de los casos, y se puede producir cuando el coágulo se produce directamente en el cerebro o en las arterias cerebrales y este no recibe la irrigación sanguínea que precisa, mientras que el ictus hemorrágico es menos habitual y responde a una rotura de una arteria cerebral. Su tasa de mortalidad es superior a la del ictus isquémico aunque quienes lo logran superar no suelen sufrir secuelas graves.

Imagen: Federación Española del Ictus

Un ictus es un equivalente a un infarto cardíaco pero con efecto en el cerebro y tiene lugar cuando un vaso sanguíneo sufre un bloqueo por culpa de un coágulo de sangre o directamente se rompe. Este trombo también puede ocurrir en el corazón y se desplaza hacia el cerebro, y allí se interrumpe la circulación.

La Federación Española del Ictus (FEI) avisa de que esta irregularidad cardíaca, también conocida como Accidente Cerebro Vascular (ACV), trombosis o embolia, es especialmente frecuente una vez superados los 55 años y su riesgo se incrementa proporcionalmente con la edad. Los datos del estudio PREVICTUS señalan que más del 21 % de los mayores de 60 años en España, unos dos millones de personas, se encuentran en riesgo alto de ictus en la próxima década.

Los factores de riesgo del ictus

Esta grave enfermedad cerebrovascular no solo incrementa su riesgo de aparición con el paso de los años, sino que existen una serie de causas que aumentan las probabilidades de padecer un ictus. Dado que este trastorno, al igual que los infartos, paros cardíacos o más problemas coronarios, aparece muy vinculado a las obstrucciones arteriales, comparten factores de riesgo como la diabetes, la obesidad, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la hipertensión, las arritmias o el sedentarismo, así como haber sufrido ictus previamente.

Imagen: Federación Española del Ictus

Una de las principales advertencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es que los malos hábitos de vida que se propagan entre la sociedad y el progresivo envejecimiento demográfico harán que del 46 % de habitantes que en 2050 superen los 65 años, la mitad esté en peligro de sufrir un accidente cerebrovascular. Por consiguiente, toma especial importancia que la ciudadanía tome rutinas saludables en alimentación y actividad para prevenir la propagación de los ictus.

Las señales del ictus

Mientras que en los paros cardíacos la persona afectada pierde el conocimiento, en caso de infarto o de ictus no se da una pérdida inmediata de consciencia. Los síntomas habituales de esta enfermedad suelen repercutir en un debilidad en la cara, el brazo y la pierna de un determinado lado del cuerpo, así como problemas de visión y de fuerza o sensibilidad, pérdidas de habla y dolores de cabeza repentinos. Detectar con rapidez estos signos y proporcionar la atención médica temprana a quien lo padece es fundamental para salvar su vida y tratar de eliminar las consecuencias más peligrosas.

Los avances médicos de las últimas décadas han traído consigo una reducción de la mortalidad de los ictus hasta de un 50 % y buena parte de esta situación se debe al control sobre la hipertensión arterial, su principal factor de riesgo. A los mayores de 50 años se les recomienda tomarse la tensión arterial al menos una vez al año y vigilar especialmente las cifras superiores a 140/80.
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