Los efectos de la diabetes en el corazón

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Las funciones del corazón en un organismo humano lo convierten en absolutamente indispensable para la vida, pues no deja de ser el músculo más importante del cuerpo. Por esta razón es esencial llevar a cabo unos cuidados hacia máquina de bombear sangre, que también se expone a enfermedades metabólicas severas, como es el caso de la diabetes, un trastorno que afecta a millones de personas en el ámbito internacional, unas 300 millones de personas según las estimaciones, si bien esta cifra podría pasar a 435 millones en 2035 según las previsiones médicas.

La razón de que la diabetes sea una de las principales amenazas del sistema cardíaco responde a que esta enfermedad supone que el organismo no sea capaz de producir ni responder óptimamente a la hormona insulina, esencial para convertir la glucosa, el llamado azúcar en sangre, en energía. La energía propia de los alimentos consumidos, por tanto, no la puede utilizar el organismo, de modo que las células se dañan a causa de esta ausencia de la transferencia de energía. La glucosa no es asimilada por las células, se eleva la cantidad de glucosa en la sangre y se genera hiperglucemia y diabetes.

A menor circulación, mayor presión arterial

Los problemas que la diabetes crea en el correcto funcionamiento del corazón comienzan con altos índices de llamado colesterol malo y pocos niveles del bueno, al mismo tiempo que los trigligéridos -un tipo de grasa que se encuentra en la sangre- también aumentan. Esta combinación endurece las arterias en un proceso llamado ateroesclerosis, que se fragua cuando grasas, colesterol y otras sustancias perjudiciales se acumulan en los canales arteriales y bloquean el flujo de la sangre.

Dado que esta no puede transitar de forma ordinaria, el corazón, los pulmones y los riñones no reciben la misma cantidad de sangre y su funcionamiento no se realiza de forma convencional, además de incrementar la presión sanguínea. Esta cantidad extra de glucosa en sangre provocan un excesivo espesor y aumentan las probabilidades de que se produzcan coágulos más fácilmente y de que los vasos sanguíneos más pequeños se debiliten. Estos coágulos son masas semisólidas de sangre cuya aparición puede alterar el flujo circulatorio.

Además de estos efectos perjudiciales, esta coagulación puede proceder de daños arteriales que provocan que su placa se desprenda y origine estos obstáculos para el paso de la sangre, hasta el punto de que si tiene lugar en una de las arterias del corazón se produce un infarto. En caso de que sean otras arterias las que se bloqueen a lo largo de toda la anatomía, este fenómeno perjudicial se denomina embolia.

La diabetes no solo repercute directamente en el funcionamiento cardíaco, sino que disminuye también la capacidad del organismo para combatir infecciones o patógenos y cicatrizar heridas. Esta ineficacia conlleva que las infecciones sean más duraderas y que las heridas tarden más tiempo en sanar.

Los afectados por la diabetes

Aunque los 300 millones de diabéticos en todo el mundo no cumplen unos patrones uniformes, los estudios médicos sobre esta enfermedad han demostrado que existe una predisposición genética hereditaria, ya que se puede transmitir de generación en generación. Ahora bien, las personas que sufran obesidad son más susceptibles de sufrir este trastorno, ya que hay ciertas grasas que inhiben la interacción ya desarrollada entre la insulina y la glucosa.

Según un estudio de la Fundación Española del Corazón acerca de la relación entre este músculo y la diabetes, las personas que sufren la enfermedad deben seguir unas pautas de rutinas alimenticias fundamentales para paliar de la mejor manera posible los efectos de la diabetes. Con respecto a los edulcorantes, el azúcar o la miel no se recomiendan porque elevan el nivel de glucosa en sangre y su alto nivel calórico engorda; con la sacarina, por su parte, se admite un consumo moderado y nunca superior a 10-12 comprimidos a diarios.

Las bebidas alcohólicas tampoco son bien recibidas, puesto que su alto volumen de calorías se suma a que propician la aparición de trigligéridos, quedando así especialmente prohibidas para aquellos que tengan altos registros de colesterol. Los refrescos, con alta presencia de edulcorantes inadecuados entre sus ingredientes, tampoco son positivos. Lo mismo ocurre con el tabaco, uno de los grandes enemigos de la salud del corazón. En cuanto a la sal, aunque no influye significativamente en los efectos de la diabetes, a menos de que sea una persona hipertensa. A mayores, una dieta baja en sodio reviste mejoras para el sistema cardiovascular.

Las características de la diabetes y de sus efectos en el corazón conlleva que las instrucciones recomendadas para aliviar sus efectos y prevenir problemas graves pasen por una alimentación saludable y con una presencia reducida de azúcares y grasas, así como incluir a la rutina unas pautas de ejercicio físico en busca de adelgazar, visto que la obesidad es un factor de riesgo para los diabéticos. La asistencia regular a especialistas médicos para controlar la evolución del organismo, el colesterol y la circulación sanguínea es también esencial para trabajar día a día contra esta enfermedad y mantener una salud firme.

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